Colegio Torremar (Guayaquil; Guayas; Ecuador) PDF Imprimir E-mail
Escrito por opusdeiclubes   
Lunes, 27 de Julio de 2009 11:22

El Colegio Torremar está ubicado en las afueras de Guayaquil, puerto principal del Ecuador. Esteban es uno de sus profesores fundadores. Trabajaba en uno de los centros educativos más importantes de nuestra ciudad. Gabriel, Rector del Colegio, lo entrevistó y lo entusiasmó de tal manera que en pocos días más renunció y comenzó su labor en el Torremar.

Esteban, que aún no conocía el edificio y demás instalaciones, se reunió con Gabriel y se fueron a observar como avanzaban los trabajos de construcción del colegio. Al llegar, el rostro de Esteban se desdibujó; miró con asombro a Gabriel y le dijo: "Pero aquí no hay casi nada". Gabriel lo tranquilizó: "Para comienzos del año lectivo tendremos edificios e instalaciones terminadas".
Y es que Esteban no alcanzaba a comprender cómo, unas tablas, hierros y ladrillos, podrían convertirse, dentro de muy poco, en aquel hermoso edificio del cual le habló Gabriel en la entrevista. El tiempo voló y según lo previsto, el 4 de mayo de 1.994, se inauguró el año lectivo con todas las instalaciones concluidas.

Los alumnos estaban formados. Algunos con caras sonrientes y otros un tanto preocupados. Un primer grado, un segundo grado y un tercer grado. Cincuenta y seis alumnos. Se había terminado con la primera fase del proyecto: la primaria.
Atrás quedaban aquellas conversaciones de un grupo promotor, que anhelaba una educación diferente para sus hijos. Atrás quedaban también las entrevistas con los primeros padres de familia que se acercaban a inscribir a sus hijos; algunos muy entusiastas, otros un tanto escépticos ante lo que era sólo un proyecto. En diciembre de 1.997, teníamos la primaria completa y el siguiente año empezábamos con la secundaria. Dos paralelos de primero, segundo, tercero, cuarto y quinto grados. Un paralelo de sexto. Doscientos cuarenta alumnos.

Una vez al año y antes de comenzar las actividades colegiales, nos vamos con los profesores a una convivencia de cinco días, en la que además de confraternizar y hacer mucho deporte, se dan clases, charlas, meditaciones, enfatizando la filosofía del colegio y lo que buscamos de padres, profesores y alumnos.

Uno de los eventos que se vive con mayor intensidad en el colegio, es la Primera Comunión. Nos contaba una madre de familia, que su hijo estaba tan emocionado, que "deseaba recibir la comunión, incluso algunos meses antes de hacerla". El día domingo previo a la Primera Comunión, a la hora de comulgar, el chico salía junto a su madre y le comentaba: "Desearía que el sacerdote se equivocara y me diera en este mismo instante la comunión".Otro de los acontecimientos más importantes en la vida del Colegio lo constituyó la venida del Prelado del Opus Dei, el Miércoles 7 de agosto de 1996. Un día lleno de emoción y expectativas para todos los que conformamos el Colegio Torremar. Una espera, largamente anunciada, se convertiría en breve en una gran realidad. El reloj marcaba las 11 de la mañana y padres de familia, profesores, alumnos, personal de mantenimiento y directivos nos encontrábamos listos para recibir a Monseñor Javier Echevarría, Prelado del Opus Dei.
Teníamos 20 minutos para todo, y así lo habíamos preparado, con cronómetro en mano. Cerca de las 11h30 llegó la comitiva. Un rostro de alegría y serenidad se observaba en el Padre. Calor y afecto en sus abrazos y apretones de manos para con los miembros del Consejo Directivo. Piedad filial en el oratorio. Delicadeza y ternura hacia una pareja de abuelos del colegio. Y llegó la tertulia con los estudiantes de quinto grado. Las preguntas preparadas y las preguntas espontáneas recibían una cordial respuesta por parte del Padre. Los alumnos atendían con gran complacencia. No era una clase más. El grado se animaba, no querían dejarlo salir. Sentían que muchas dudas se despejaban. Hasta el alumno inquieto, que preguntaba, qué podía hacer para mejorar su conducta, se sintió satisfecho con los criterios recibidos.

La salida pausada. Ahora era el turno de los padres de familia. El aplauso de recibimiento y la palabra segura y firme de aquel papá que, visiblemente emocionado, agradecía al Padre por su visita. La familia era el tema central de esta pequeña tertulia. Los animó a que se quieran mucho, a vivir una integración más fecunda con el colegio. Bendijo a un recién nacido y alabó a una delegación de profesores, que siendo "viejos" en el colegio, transparentaban juventud y entusiasmo.
Y llegó la tertulia con los estudiantes de quinto grado. Las preguntas preparadas y las preguntas espontáneas recibían una cordial respuesta por parte del Padre. Los alumnos atendían con gran complacencia. No era una clase más. El grado se animaba, no querían dejarlo salir. Sentían que muchas dudas se despejaban.

Luego fue el turno de los profesores y alumnos. Su abrazo fraterno a los profesores era como el de los amigos de toda la vida. Saludó a cada miembro del personal de mantenimiento. Los alumnos del coro no cesaban de cantar "Morenita" y "Amigo". El árbol fue plantado. La pala comenzó a rodar de mano en mano. Primero fue el Prelado del Opus Dei, luego el P. Joaquín y el P. Fernando. El P. José Giner, Capellán del Colegio tomó la posta, le siguió Xavier Brubaker, alumno del quinto grado, para finalmente dejar a Antonio Mera, nuestro querido guardián, la palada final.

Aplausos rítmicos y aclamaciones de "vuelva Padre", se escuchaban cuando Monseñor Javier Echevarría cruzaba la puerta rumbo al auto que lo conduciría de retorno al centro de la ciudad. Difícilmente podremos olvidar ese día de agosto.
El recuerdo del árbol sembrado por el Padre se mantiene. Sus criterios atinados y consejos oportunos comienzan a germinar en quienes tuvimos la inmensa satisfacción de escucharlo. El Torremar, una realidad hecha de ladrillos y tablas, vivió uno de sus momentos históricos más importantes.
La llegada fue estupenda, hicieron un reconocimiento breve de la casa, recibieron algunas indicaciones y escucharon su primera meditación. Luego vino la Misa. Los impresionó el ambiente de piedad, la belleza de aquel pequeño oratorio y ese aire tan familiar que se respira en nuestros centros.

Como todo chico en desarrollo, la hora del lunch se la esperaba con ilusión. Devoraron, eso sí con una pulcritud que asombraba, todo cuanto se les sirvió: que las pizzas, que los cakes, que los "tostitos", que las gaseosas....luego de haberse alimentado espiritual y biológicamente, vino la primera charla con Gabriel, acerca de técnicas de estudio.
Todos estuvieron muy atentos y preguntones, pero a medida que se acercaba el reloj a las 11h45, la vista bajaba de cuando en cuando mirando a los relojes, ya que a esa hora estaban programados los deportes.
Cuando la charla terminó, se cambiaron y se dirigieron a las canchas. Allí se nos unió Juan Carlos, a quien se le tienen encomendadas algunas actividades de San Rafael. Recogieron los desperdicios, arreglaron las canchas, se ayudaron unos a otros, nadie quiso destacarse como la estrella en el deporte, lo importante era competir. En la piscina se formaron "dos torres humanas", y el que tenía que aguantar a los demás, lo hacía con mucho gusto, aunque le dolieran los hombros. Hubo algunos "raspados" (con pequeñas heridas) pero ofrecían ese dolor y procuraban no causar molestias.
Luego se dirigieron a la sala de estar, donde, ya cambiados y frescos, escucharon la charla de Juan Carlos acerca de la virtud de la pureza. Nadie chistó. Todos escuchaban y ponderaban cada una de las frases y ejemplos que oían.
Finalmente rezamos el Santo Rosario. Fue admirable la piedad que se vivió -a pesar del clima, de la hora y del cansancio-, en todo el tiempo que duró esta devoción a Nuestra Madre del Cielo. Luego nos pusimos a cantar y a contar chistes..."tocaban el cielo con las manos" de la alegría.

¡Qué ganas tan grandes de poner todo nuestro esfuerzo por conseguir que estos chicos sean buenos cristianos! Esta convivencia es sólo el inicio. Parecería que estos jóvenes hubiesen escuchado en su corazón, durante aquel día, ese punto de Camino que dice: "Quiero que estés siempre contento, porque la alegría es parte integrante de tu camino. -Pide esa misma alegría Sobrenatural para todos" (Camino, 665).

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Última actualización el Lunes, 27 de Julio de 2009 11:25
 

¿Quién soy y por qué hago esta web?

pilar opus dei jovenes

Me llamo Pilar González, hace unos meses hice una web llamada Opus Dei colegios. Como recibí muchos mensajes de felicitación por esa página, ahora me lanzo con esta.

De pequeña fui a uno de los mal llamados "Clubes del Opus Dei".

Me ha parecido interesante hacer esta página por dos razones:

1. Para aclarar algunas confusiones que encuentro frecuentemente en el trato con amigos y colegas: No existen “clubes del Opus Dei”. Así de sencillo ¿Es fácil de entender? Sí, si se entiende bien qué es el Opus Dei

2. Porque no encuentro ninguna página en Internet donde sea relativamente fácil informarse de clubes y asociaciones juveniles cuya atención espiritual está encomendada a la Prelatura del Opus Dei. Me imagino que esto es así, porque no forman ninguna agrupación, ni tienen todos el mismo ideario (partiendo de lo básico, pues lógicamente todos procuran ofrecer una buena formación cristiana, que es lo que precisamente se encomienda al Opus Dei).
 
Por eso, a continuación respondo a dos preguntas básicas:

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